7 de diciembre de 2016

Nota de prensa de CEAPA sobre los resultados de la prueba PISA 2015

CEAPA considera que los resultados que se han conocido, de una prueba tan cuestionada como PISA, solo nos deben servir para saber que la gestión del modelo educativo que tenemos perpetúa las desigualdades de origen y que debemos cambiarlo por un nuevo modelo educativo centrado en el alumnado.

CEAPA considera que los datos conocidos el 6 de diciembre de la tan cuestionada prueba PISA deben leerse con sumo cuidado para no entrar en valoraciones subjetivas inadecuadas. El triunfalismo de un Ministerio de Educación que trata de adjudicarse unos éxitos que no existen, es un mal camino que repite la mala praxis política que sufrimos los ciudadanos y ciudadanas de este país.

Los resultados reales son:

Seguimos en los mismos valores, es el resto de Europa la que ha descendido en sus datos, por lo que nuestro sistema educativo está estancado.

El nivel sociocultural y económico de la familia es el factor más determinante a la hora de explicar los resultados y eso se evidencia en la situación de las diferentes Comunidades Autónomas y de las distintas zonas dentro de cada una de ellas.

La repetición escolar sigue siendo una lacra de nuestro sistema educativo, luego nuestra cultura de la evaluación es profundamente equivocada.

El alumnado de las familias con menor nivel sociocultural y económico tienen cinco veces más probabilidades de repetir curso y fracasar en sus estudios.

Una cuestión que debe quedar clara es que el alumnado que ha sido evaluado en esta ocasión, también ha cursado todas sus enseñanzas con el formato LOE. Por tanto, la LOMCE no es la artífice de mantener los resultados que tenemos, ni de que ahora nos situemos más arriba en los famosos ranking de PISA. El Ministerio de Educación no debería sacar pecho de los datos porque no le corresponden.

Y, si sufrimos recortes desde hace ya casi una década, ¿cómo se explican los datos actuales? Sencillo, los centros educativos y, de manera muy especial, las familias, estamos compensando los efectos de esos recortes.

Nuestro modelo educativo está basado en una escuela que delega gran parte de la tarea educativa en las familias, obligando a éstas a compensar en casa las graves deficiencias de un sistema que no garantiza la igualdad de oportunidades con la actividad diaria que se desarrolla en los centros educativos.

La política de los deberes escolares y que las madres y los padres seamos segundos profesores en nuestras casas, tiene dos consecuencias directas que se vuelven a demostrar:

Los resultados dependen directamente de lo que suceda en casa, condicionando él éxito del alumnado al nivel sociocultural y económico de sus familias y al apoyo que éstas puedan dar a sus hijos e hijas.

Si este apoyo no puede darse, o no es suficiente para compensar lo que la escuela no hace, el alumnado tiene todas las papeletas para descolgarse en su progreso educativo y fracasar.

Lo anterior se redondea con una equivocada cultura de la evaluación, que está basada en sancionar al que tiene dificultades y primero obligarle a ir repitiendo algún curso y luego, con el tiempo, a que fracase y abandone sus estudios.

Es urgente que cambiemos el sistema educativo, pero no para mantener la LOMCE y que sus efectos perversos lleguen del todo al sistema educativo, sino para caminar en sentido contrario y avanzar hacia un modelo educativo que ponga en el centro del sistema al alumnado y sus necesidades.

Que la escuela compense de verdad las desigualdades de origen exige que el proceso educativo quede asegurado en los centros educativos, por lo que la cultura de delegar en las familias el éxito de dicho proceso mediante los deberes escolares y el apoyo familiar al currículo formal debe terminar de forma inmediata.

Los deberes escolares son la mayor fuente de generación de fracaso escolar y abandono educativo y hasta que esta sociedad no lo asuma y cambie su forma de proceder, no podremos mejorar realmente nuestro sistema educativo.

Junto a esto, la cultura de la evaluación debe sufrir un cambio radical, pasando de ser una forma de evaluar que sanciona y expulsa del sistema educativo al que tiene algún problema que explica su proceso educativo, a una cultura de evaluación formativa que ayude al alumnado a descubrir sus debilidades y le ofrezca soluciones para superar dichas debilidades.

Por supuesto, una evaluación justa pero real del sistema educativo en su conjunto y de la función docente en particular es una tarea inaplazable. Evaluar al alumnado no es evaluar ni el sistema ni la función docente.

Y, claro está, es también imprescindible revertir urgentemente los recortes experimentados en educación porque todo apunta a que no solo nos hemos frenado sino que estamos empezando seriamente a retroceder para volver a indicadores de hace décadas en muchos aspectos. En nuestro país aún no se notan por el gran esfuerzo que realizan diariamente las familias y los centros educativos, pero en el resto de Europa ya se visualizan con retrocesos porque este nivel de implicación de la Comunidad Educativa que tenemos en nuestro país no es tan sencillo de encontrar en otros.

Pero todo lo anterior no debe hacerse porque lo diga PISA, sino porque lo decimos desde hace mucho tiempo las organizaciones que componemos la Comunidad Educativa. PISA solo demuestra que llevamos razón cuando lo repetimos constantemente.

¿Nos ponemos a ello o seguimos jugando a pactos ficticios en los despachos del Congreso de los Diputados y las sedes de los partidos políticos?

CEAPA Madrid, 7 de diciembre de 2016