3 de septiembre de 2015

Becas: Pocas e ineficaces

Los expertos piden duplicar una inversión que no llega a la mitad de la media europea


El sistema público de becas es insuficiente, malo e ineficaz. No es sólo que el porcentaje de gasto en educación que España y Catalunya dedican a becas (3,5% y 3,8%, respectivamente) sea la mitad que la media europea (7,5%), un tercio del que destina Alemania y una cuarta parte del que dedican Dinamarca y Noruega (véase gráfico en página siguiente). Es que además, por su estructura y requisitos, excluye de las ayudas al 32% de los estudiantes más vulnerables y concentra las becas en la etapa universitaria, a la que ya no accede la mayoría de alumnos de familias más desfavorecidas.


Estas son las principales conclusiones del informe 'Les beques a examen. Repensar el sistema d’ajudes a l’estudi' que Xavier Martínez-Celorrio, profesor de Sociología de la Educación de la Universitat de Barcelona (UB), ha elaborado para la Fundació Jaume Bofill, en el marco del proyecto #AlterBeques, con el que esta institución quiere promover la reforma del sistema de becas en Catalunya.



“La insuficiencia del gasto en becas es muy significativa en un país con una tasa de pobreza infantil y familiar por encima de la media europea; pero lo grave es que además de pocas son becas mal diseñadas, que no llegan a los estudiantes de primaria ni secundaria porque invertimos sobre todo en la educación superior, y es en la educación más básica donde pueden servir de trampolín y de ascensor social para los alumnos con menos oportunidades”, resume el director de la Fundació, Ismael Palacín.



A este respecto, el informe de Martínez-Celorrio pone de manifiesto que el actual sistema de becas no contribuye a evitar el fracaso ni el abandono escolar prematuro y deja fuera a casi un tercio de los estudiantes entre 12 y 24 años. “Los propios requisitos formales de las becas excluyen a los repetidores, y entre los hijos de familias desfavorecidas, el 53% ha repetido; y las ayudas tampoco tienen en cuenta a los que abandonan en las etapas post obligatorias, pero ocho de cada diez de los que dejan los estudios entre los 18 y los 24 años viven en hogares que tienen dificultades para llegar a fin de mes”, explica Martínez-Celorrio.



Según los datos que ha podido recopilar, sólo el 26% de los alumnos de entre 12 y 24 años disfruta de alguna beca. Advierte, no obstante, que “no ha sido fácil evaluar el sistema porque no existe ningún registro de becarios, las diferentes bases de datos del ministerio no coinciden entre sí, no son coherentes con los datos de la Conferencia de rectores universitarios (CRUE), ni con los datos que España envía a Eurostat, y la Generalitat de Catalunya, a su vez, no comunica al ministerio el gasto de las becas-comedor y de transporte”. El estudio también evidencia que el gasto público en becas tiene un impacto redistributivo muy modesto porque se centra en los jóvenes universitarios, es decir, una vez producida la selección de acceso a los estudios superiores. Según la Encuesta de la Juventud de Catalunya 2012, sólo el 8% de los jóvenes ha tenido una beca durante sus estudios secundarios –la etapa considerada determinante para la trayectoria educativa–, mientras que el 30% de los universitarios ha disfrutado alguna.



Con todo, el sociólogo de la UB deja claro que las becas funcionan como ascensor social y contribuyen a superar una baja herencia social y cultural. “El 21% de los jóvenes catalanes entre 28 y 34 años que han disfrutado de dos o más etapas con beca han logrado hasta un 53% de tasa de ascenso social, muy por encima de la media de ascenso social de ese grupo de edad, que es del 32%“, señala el informe.


Por eso, Martínez-Celorrio enfatiza la necesidad de desarrollar becas de refuerzo, ayudas específicas para retener a los estudiantes más vulnerables y evitar que abandonen los estudios. “El objetivo del sistema de becas ha de ser acabar con el círculo cerrado de la desigualdad, luchar contra la herencia social, lograr que los hijos de obreros de la construcción no aspiren sólo a ser obreros de la construcción, y esto se consigue no sólo con más dinero, sino con otro modelo de ayudas que conlleven un seguimiento y tutorización, con un proyecto de servicios para el becado que permita cambiar actitudes, aumentar aspiraciones y tener otros horizontes que rompan con la herencia”, explica el sociólogo.



Entre las propuestas con las que la Fundació Bofill quiere abrir el debate para la reforma del modelo de becas figura también el duplicar la inversión para equipararse con la media europea en el horizonte del 2020. “Para ello España debería invertir 1.925 millones de euros más y Catalunya otros 300 millones sólo en ayudas directas a los estudiantes”, cuantifica Martínez-Celorrio. A este respecto, el informe señala que entre 2009 y 2015, en plena crisis, España ha recortado en 575 millones (el 29%) el gasto en becas y ayudas escolares, mientras que el recorte general en educación ha sido del 13,6%. En Catalunya se ha reducido la inversión en enseñanzas no universitarias en 49,6 millones de euros pero se aumentado el gasto en becas universitarias en 50 millones.



Martínez-Celorrio reivindica la creación de un comisionado interdepartamental de promoción educativa que revise y centralice todas las políticas de becas en Catalunya, así como la aprobación de una renta mínima garantizada para las familias pobres con menores que integre todas las ayudas dispersas que ahora puedan recibir, como las becas comedor. Respecto a estas últimas, el sociólogo defiende su universalidad y obligatoriedad. Y además de nuevas becas para bachillerato y FP, propone abrir el debate a nuevas ayudas retornables para universitarios. En su informe recoge algunos ejemplos regionales e internacionales que pueden servir de referencia e inspiración para la reforma, entre los que figuran los que se detallan en la información adjunta. 


Enlace a la noticia en La Vanguardia