8 de noviembre de 2010

Las TIC con seguridad

En los últimos diez años se ha producido una revolución que, a pasos de gigante, ha transformado radicalmente el paisaje de la educación española. El avance en la implantación de las TIC ha acelerado enormemente un cambio que afecta a todos los participantes: alumnado, cuerpo docente y familias. Todos juntos, de la mano o no, estamos en medio de un tornado que, sí o sí, altera el paisaje no sólo educativo sino el social también.



Porque, lo queramos o no, el futuro de la educación, a nivel global, pasa por las TIC. Y este cambio acontece ya todos los días, es presente, y no es una impresión de futuro (no va a ocurrir mañana, está sucediendo hoy). Y llegará con la implantación de artilugios tecnológicos que ni nos imaginamos hoy pero cuyo alcance ya se prevé en los ‘think tank’ más avanzados del mundo.

Pero este panorama no es tan benevolente como parece, y menos aún si no dominamos el escenario en el que se desarrolla: ¿o acaso alguien se atreve a pilotar un coche de Fórmula 1 sin tener la preparación mínima, sin hacer caso de las advertencias de aquellos que sí saben pilotarlo y conocen su potencia al dedillo?

De ello nos advierte Pablo Pérez San José, gerente del Observatorio de Seguridad de la Información del Instituto Nacional de Tecnología y Comunicación (INTECO) y reconocido especialista en seguridad y redes sociales: para obtener el máximo aprovechamiento de las TIC hay que conocer los riesgos que conlleva su uso.

Las nuevas generaciones de jóvenes españoles han crecido rodeadas por las TIC y por ello, internet y sus alrededores no es una opción sino casi un derecho y una obligación: ¿o acaso no han probado a instalar un pecé en su hogar sin que éste tenga acceso a internet?  Por ello y por responsabilidad, y porque el 75% de la juventud española no concibe la vida sin internet, todos los participantes no sólo en su entorno educativo sino el afectivo-social también, debemos construir sobre la prevención y la alerta que el uso de las TIC conlleva, sin minimizar en ningún caso cualquiera de los peligros que les acecha ni minusvalorar nunca las quejas que ellos elevan sobre sus tropiezos digitales.

Pero antes de alertar sobre los peligros que preocupan a las familias, Pablo Pérez incide en un aspecto de las TIC que está muy desvirtuado actualmente: las niñas y niños españoles no acceden a internet sólo por la pantalla del ordenador de casa, sino que, cada vez más, el uso de potentes móviles  y consolas de videojuegos con acceso a la red les permite realizar los mismos usos que en su casa: descargas online de productos varios (audio, vídeo), mensajería instantánea, subida de imágenes, etc…

Partiendo de la base de que el 16% de las familias españolas piensa que no hay riesgo alguno en la utilización de internet, es evidente que los organismo, públicos o no, han de asumir una labor informativa y ofrecer respuestas, a la par que análisis, sobre los riesgos más significativos que produce un uso continuo de internet (sea  1 hora a la semana o las actuales 15 horas a la semana que los jóvenes dicen pasar en internet).

Los riesgos más habituales que actualmente puede acontecer a un usuario de la red (pero sobre todo a la juventud entre 10 y 18 años) son: el uso abusivo y la adicción a internet, el acceso a contenidos inapropiados, ciberbullying (acoso psicológico entre iguales), grooming (acoso de un adulto a menores con finalidad sexual), malware o amenazas técnicas varias (spam, correo basura) y riesgos para la privacidad e intimidad, honor y la propia imagen. Aunque la incidencia es porcentualmente baja, la repercusión mediática que producen es brutal y sólo aquellos asuntos que afectan a la temática sexual son los que ponen en guardia a las familias.

Y aunque los jóvenes son más conscientes que sus propias familias de los riesgos que les pueden abordar al adentrarse en internet, el hecho de que, como resalta Pablo Pérez San José, el 85% de los menores no sabría qué hacer ante un peligro real con el uso de internet y de que ¡sólo el 1%! acudiría a sus familias para pedir ayuda, pone en evidencia que, tanto los nativos digitales como los emigrantes digitales, hemos de seguir las recomendaciones que diferentes Administraciones Públicas y organismo públicos hacen sobre el uso de internet. Y por encima de estos mensajes (llenos de sentido común, por cierto) está el consejo troncal que sustenta a las demás advertencias: hemos de transmitir a los menores la confianza necesaria para que, en caso de peligro, acudan raudos a la familia a pedir ayuda.