9 de noviembre de 2010

La implantación de la inteligencia colectiva

Que ahora se ponga de moda denominaciones como la ‘inteligencia colectiva’ no significa que la revolución de las TIC haya comenzado ahora o el año pasado. No. El reto de las TIC en el entorno educativo empezó hace 25 años y ahora desemboca en el Proyecto Escuela 2.0, un proyecto de integración de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) en los centros educativos, que contempla el uso personalizado de un ordenador portátil por parte de cada alumno o alumna de España.



El objetivo supone poner en marcha las aulas digitales del siglo XXI, aulas dotadas de infraestructura tecnológica y de conectividad, tal y como lo expresa Antonio Pérez Sanz, director de Instituto de Tecnologías Educativas del Ministerio de Educación (ITE) y experto en contenidos educativos y de formación del profesorado.

Dicho proyecto está conformado por cinco nuevos paradigmas educativos:
-          Aprender a lo largo de la vida
-          Aprender a aprender por cuenta propia
-          Alfabetización digital
-          Nuevos entornos digitales de aprendizaje
-          Un aprendizaje colaborativo en grupo

A su vez, estos paradigmas desembocan en los cuatro principales verbos que conforman una nueva realidad, tanto social como educativa: Ser (el autoconocimiento, el control emotivo), Saber (informarse, ser crítico), Hacer (motivación, aprender construyendo) y Convivir (desde el respeto a los demás).

Esa realidad sociológica es inimaginable si no se sustenta sobre las ocho competencias básicas que el cuerpo docente debe transmitir a su alumnado para construir a las personas del futuro, las cuales debieran dominar el trabajo corporativo, el trabajo con el conocimiento y, sobre todo, el trabajo en sociedad y con la sociedad que les rodea.

Evidentemente, para llegar a la Escuela 2.0, donde las TIC serán un recurso añadido para todos y cada uno de los alumnos del centro, hay que superar muchas dificultades. Entre las mismas, superar la actual brecha digital, mejorar las condiciones organizativas de los centros, así como sus barreras arquitectónicas de unos centros basados en la estructura fabril del siglo XIX, mejorar la formación de un profesorado que pone más voluntad que interés, adecuar el material educativo actual y presentarlo en formato digital, la tecnofobia de muchos participantes en el mundo educativo(políticos, profesores, familias) y la, momentánea, falta de creación de comunidades digitales que sirvan de apoyo tanto a alumnado y cuerpo docente, como a familias.

Para superarlo, las Administraciones Públicas proponen los siguientes puntos de trabajo:

Aulas digitales. Dotar de recursos TIC a los alumnos y alumnas y a los centros: ordenadores portátiles para alumnado y profesorado y aulas digitales con dotación eficaz estandarizada.
Garantizar la conectividad a Internet y la interconectividad dentro del aula para todos los equipos. Posibilidad de acceso a Internet en los domicilios de los alumnos/as en horarios especiales.
Promover la formación del profesorado tanto en los aspectos tecnológicos como en los aspectos metodológicos y sociales de la integración de estos recursos en su práctica docente cotidiana.
Generar y facilitar el acceso a materiales digitales educativos ajustados a los diseños curriculares tanto para profesores y profesoras como para el alumnado y sus familias.
Implicar a alumnos y alumnas y a las familias en la adquisición, custodia y uso de estos recursos.

Sólo de esta manera lograremos que la escuela fabril del siglo XIX se transforme en una Escuela 2.0 que no vive de espaldas a la sociedad en la que está ubicada.