6 de noviembre de 2010

La Escuela 2.0. El papel del padre y la madre

Que los alumnos y alumnas de nuestros centros educativos sepan más en el ámbito de las TIC que sus profesores, o incluso más que sus familias, no debiera ser motivo de preocupación para ellos, puesto que el diestro desarrollo de estas herramientas no implica que el alumnado sepa comunicarse correctamente con su entorno.


Esta es una de las nociones básicas que ha impartido la clase magistral de Robert O’Dowd, profesor de la Universidad de León,  quien ha insistido –dentro del VII Encuentro Estatal de CEAPA- que lo más importante son las competencias de escritura, lenguaje, análisis y evaluación de información, no unas herramientas que, posiblemente, con el paso del tiempo pueden quedar caducas (véase, por ejemplo, de MySpace, Second Life o Messenger.

El actual sentido de la circulación de contenidos (desde abajo a arriba, y no de arriba hasta abajo como sucedía antaño) otorga mayor poder a la presente implantación de las competencias básicas, de todas y no sólo la que implica una competencia digital, para así conseguir un desarrollo pleno de las cualidades más sobresalientes de la web2.0: interacción, participación, intermodalidad, colaboración, comentarios y, sobre todo, poder compartir la información de tal modo que el receptor no reciba un mensaje tergiversado.

La conformación de esta ‘inteligencia colectiva’ que es internet ahora mismo tendrá un mayor sentido si nuestros hijos e hijas, además de dominar las herramientas en sí mismas, poseen el don de expresarse, de trabajar en línea con el mayor tino posible.

Y esto, que efectivamente afecta al mundo real, también abarca al mundo educativo, a la Escuela 2.0. Las TIC están aquí para quedarse, esto está fuera de cuestión, pero el problema de la falta de formación por parte de la mayoría del profesorado y la falta de interés por parte de muchas familias conlleva que no se saben desenvolver en el medio, se desconoce cómo ubicarlas en un entorno donde se corre el peligro de que, por culpa del rápido abaratamiento de costes de la tecnología, ya no se hable de la falta de tecnología sino del exceso de la misma.
La preparación del cuerpo docente es la base troncal que puede proporcionar al alumnado no sólo la oportunidad de manejar unas herramientas más allá de su sentido lúdico, sino de que todo el que se sumerja en el ámbito de las TIC consiga trabajar/cooperar/ver más allá de su entorno educativo físico (la clase, el colegio, su comunidad) y se pueda acercar a alumnos de otros países (sean de su misma lengua o no), participar en foros multidisciplinares o recibir opiniones de profesores con otras formaciones académicas.

Esta colaboración online aporta una apertura de visión que es consustancial a la expresión en sí misma: cuanto mejor sepa comunicarse el alumnado, la información llegará de mejor forma y, en consecuencia, le proporcionará a aquél la oportunidad de empatizar, de situarse en la piel de aquel que recibe la información.

Dicho bucle sin fin sólo podrá ser si la coordinación entre las Administraciones Públicas se convierte en la posibilidad real de que los libros de texto digitales, las herramientas de las TIC (pizarras digitales, netbook, plataformas digitales…) entran en el aula al mismo tiempo que el cuerpo docente recibe las herramientas necesarias para manejarlos y, sobre todo, reciban el mensaje de que las herramientas no es lo sustancial sino el ‘know how’ sobre las mismas: de qué le sirve al alumnado, enfatiza Robert O’Dowd, saber manejar internet s no saben dónde buscar la información, no tiene ni idea de qué contenidos poner en el ‘power point’, si desconoce cómo utilizar los recursos online, si se ven incapaces de aportar un valor añadido a su trabajo mediante los ‘feedback’, etc… Si no se produce esa conjunción de intereses, necesaria a la par que vital, las TIC se quedarán, simplemente, en una aparataje lúdico y lustroso como las consolas que palpitan en las habitaciones de los niños y niñas de este país. Y poco más.